El periodista de “El Deportivo”, que se transmite por ATV, habló de todo y sin tapujos
Cuando Eddie vio que podía haber preguntas de todo calibre, su primera reacción fue decir que disparen sin miedo. Sin duda es un tipo que no le entran balas, como buen judío, pero a la vez agradable y dispuesto a absolver todas nuestras dudas.
Inicios
Cuando Eddie era estudiante de Administración de Empresas, siempre pensó en relacionar su carrera con su más grande pasión: el fútbol. Así un día conoció a Micky Rospigliosi, que fue quien lo introdujo en este mundo.
Yo empiezo a estudiar Administración de Empresas en la Pacífico y cuando termino, empiezo a trabajar con mi padre. Pero el fútbol siempre me apasionó. Un día un amigo (Javier Aspauza, hijo del presidente de la U) me presenta a Micky y empiezo a comentar en Radio Ovación.
Pero a la vez, a Eddie le atraía el tema de los auspicios. El negocio de la radio. Cuando pasó a canal 7, su padre se dio cuenta que podía desenvolverse solo.
Fue un momento duro, yo le dije a mi padre que trabajaría por mi cuenta y el estaba un poco dudoso. Pero luego se dio cuenta que iba en serio y me dio todo su apoyo. Sentí temor pero igual lo intenté. Cuando entré a Ovación, Micky fue claro. Me dijo que por mi formación universitaria sentía que podía elevar el nivel del programa, y porque con mi presencia se podían conseguir auspicios en el mercado judío.
Así llegaron juntos a Panamericana, a conducir el programa Teledeportes. Los problemas con Micky empezaron cuando el pasó a América Televisión. Desde allí Miki lo tomó como una traición y no se hablaron durante 10 años. Durante ese tiempo se mandaban puyas.
Micky era el primero que hablaba eso de “mermelero”, que recibía dinero para defender a la Federación (Peruana de Fútbol). No me gusta hablar de alguien que ya no está, pero siempre pensé que fue un poco de celos de su parte. Igual en sus últimos días lo fui a ver y nos reconciliamos.
Carencias del deporte
Eddie conoce del tema, no por nada tiene tantos años en el medio deportivo. Tiene las ideas claras con respecto a la crisis deportiva. Le preguntamos acerca de quién debe ocupar el sillón del IPD y esto nos contestó.
Ya sea a través del IPD o a través de un Ministerio del Deporte, hay fijarse bien en las cualidades de la persona que dirija todo. Creo firmemente que tiene que ser alguien ligado al deporte pero con una formación profesional. Alguien que sepa administrar la institución, pero que conozca de cerca las necesidades del deporte en el Perú.
Al hablar del poco apoyo por parte del estado, Eddie siente que es más que un desacierto.
Creo que los políticos no entienden el rédito político que tiene el hecho de invertir en los deportes. Un deportista ganador, un campeón genera un retorno. A quien se jacte de haberlo ayudado desde sus comienzos, la gente lo va a apreciar.
La idea de Lima como sede de los Juegos Panamericanos 2015 no le disgusta, pero si piensa en un mejor uso de tamaña inversión.
A quién no le gustaría que Lima sea la sede. Creo que a todos, pero también hay que pensar en cuánto dinero se va a invertir y si no sería mejor utilizar ese dinero en apoyar a nuestros deportistas. Es como la eterna pregunta: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
Hoy en día hay muchísimos deportistas de alta competencia que se ganan la vida de otras formas y no se dedican exclusivamente a sus disciplinas como debiera ser.
El papel del periodista
Eddie sabe que el periodismo no está ajeno a los problemas deportivos. No excluye de responsabilidad a los que informan a la gente.
El periodista está para describir los hechos. Yo no quería remitirme a llevar estadísticas, sino más bien pensaba en ir más allá. Hay que hacer que la gente se cree su propia opinión. Con un público mejor informado de los problemas que afectan al deporte nacional, se ejercerá la presión necesaria sobre los medios y éstos a su vez sobre las autoridades competentes.
Siente que también existen carencias en el ámbito periodístico
No es que un periodista deba saber todo. No. Un periodista debe agenciarse de los conocimientos necesarios para salir de diversos temas. Pero sin duda hay una realidad: los que mandan son los dueños de los medios.
Esto hace que nadie hable de los temas esenciales que afectan al deporte. Por ejemplo, la ley del deporte. Hay que saber distinguir a los periodistas.
Eterno Burga
Eddie tiene una posición definida con respecto a Burga, pero trata de ser una voz sobria dentro de la discordia. En las siguientes líneas, Eddie nos dice qué problemas le trajo decir su verdad sobre el presidente de la Federación Peruana de Fútbol.
Sobre Manuel Burga creo que su gestión es discreta, tiene poca reacción frente a los problemas domésticos, y ha utilizado todos los mecanismos legales para quedarse tantos años en su cargo. Ahora hay una cosa, yo puedo decir: Burga es un conchudo. Pero lo que no puedo decir es que Burga es un ladrón. Hasta ahora nadie ha sacado una prueba que diga que Manuel Burga haya robado.
Lo que él dice cuando le preguntan por qué no se va es que si se va, le va a dar la razón a todos los que dicen que he robado. Pero así como se queda Burga, todos los dirigentes quieren ser como él, para engancharse en un puesto de la Fifa y asegurarse de por vida. Yo no soy un defensor a ultranza de Manuel Burga y mucha gente cree que es así. Cuando sucedió lo de la desafiliación, yo salí a decir que no era el camino indicado para sacar a Burga de su puesto. ¿Por qué? Porque habían 15 casos idénticos donde se desafilió al país, y al final repusieron al dirigente. Entonces me llegaban correos electrónicos en contra donde me acusaban de ser sirviente de Burga. Al final ¿quién se equivocó? Lo que yo dije es cierto: no existen mecanismos legales para sacar a Burga.
El periodista ensaya una explicación sobre el polémico tema
Es simple, todos los derechos del fútbol los tiene la Fifa. Si nosotros vamos y decimos: quiero jugar tu juego; ellos van a decir ok, pero tú te sometes a nuestras reglas y nos entregas la soberanía de tu fútbol.
Y así llegamos al tema de la crisis del fútbol peruano. Eddie asegura que el mundial no es el objetivo, sino más bien debe ser la consecuencia de un trabajo serio de años. Y por eso la responsabilidad de los clubes
Los clubes, sin ninguna duda, deben convertirse en Sociedades Anónimas. Mientras los clubes sigan siendo Asociaciones Civiles, seguirán habiendo estos casos de dirigentes corruptos que solo buscan el beneficio propio. En cambio si se manejan los clubes como empresas, con una fiscalización de la Sunat, con un gerente que administre los fondos todo va a mejorar. Un gerente lo que busca en una empresa es tener retorno y eso es lo que se debe buscar en los clubes. Ya no debemos ver el fútbol románticamente, debemos verlo como lo que es: una industria. Si no entendemos eso no vamos a poder competir con los demás países.
En poco más de una hora, Eddie nos hizo una radiografía de los temas deportivos del país. Es que Fleischman tiene sus ideas claras. Tal vez estemos de acuerdo con él o no, pero no podemos negar su experiencia y su sentido de la realidad peruana en lo que se refiere a deportes.
-y más-
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martes, 25 de agosto de 2009
Fleischmann: "Burga es un conchudo, no un ladrón"
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lunes, 1 de diciembre de 2008
El Viejo y el gol
Con sorpresiva alineación. Universitario derrotó a Alianza en el último clásico del año
Nunca un arquero empujó tanto desde el arco como Oscar Ibáñez en el clásico del fútbol peruano. Gareca entendió que en estos partidos los superhombres como Fernández no son suficientes. Va más allá de los reflejos, la elasticidad, las voladas espectaculares. Quería un referente en el arco y es lo que fue Ibáñez. Nunca fue tan Hemingway, el Viejo Ibáñez. Esperaba su turno con paciencia sabia. Sin saber si llegaría algún día. Oscar más que competir, estaba al servicio de quién quiera oír un consejo en el equipo crema. Y era como un sueño cuando Gareca le dijo con su mismo acento: Entrás!
Desde el arco se ve todo mejor. Ante las pocas llegadas de Alianza, respondía en uno o dos tiempos. Se aferraba a la pelota, como a su deseo de retirarse campeón. Así empezó a mandar al equipo adelante, él se encargaba de mantener el cero, y que los demás busquen la diferencia. Entonces todos se contagiaron, primero Candelo -al colombiano le salió todo- y luego Hurtado -predicando goles-. Fue con el primer gol de Hurtado que el buen Oscar recordó por completo la titularidad. El Viejo nunca fue tan Hemingway.
A estas alturas ya el partido estaba dominado por la U, mientras el árbitro Carrillo se desdibujaba con discutidas decisiones. Un tiro libre del aliancista Martínez puso nuevamente a prueba a Ibáñez pero ya estaba demasiado metido para fallar. A los 47 Carmona daba clase de potencia al cruzar casi todo el campo, para que Hurtado vuelva a celebrar con Dios. El Viejo festejó solo, como lo hacen los arqueros. Sentía que la batalla esta vez estaba de su lado.
Como se daba el partido, cualquier cosa podía pasar, y así como no cobró penales claros, Carrillo decretó uno a favor de Alianza que solo vio el juez de línea. Entonces por la cabeza de Ibáñez solo pasaba la idea de seguir disfrutando el momento. Quién sabe si el próximo partido será titular. Lo cierto es que los clásicos se viven así con intensidad. Y este partido tuvo de todo para Ibáñez, hasta gol en contra de Aparicio. Él sabe que esto es así, que son las pequeñas batallas las que se deben librar con dignidad. Como el Viejo de Hemingway que luchaba contra la fuerza del mar y de su presa, el Viejo también se batía en la lucha de salir airoso de estos partidos. Y quién sabe, retirarse campeón.
Nunca un arquero empujó tanto desde el arco como Oscar Ibáñez en el clásico del fútbol peruano. Gareca entendió que en estos partidos los superhombres como Fernández no son suficientes. Va más allá de los reflejos, la elasticidad, las voladas espectaculares. Quería un referente en el arco y es lo que fue Ibáñez. Nunca fue tan Hemingway, el Viejo Ibáñez. Esperaba su turno con paciencia sabia. Sin saber si llegaría algún día. Oscar más que competir, estaba al servicio de quién quiera oír un consejo en el equipo crema. Y era como un sueño cuando Gareca le dijo con su mismo acento: Entrás!
Desde el arco se ve todo mejor. Ante las pocas llegadas de Alianza, respondía en uno o dos tiempos. Se aferraba a la pelota, como a su deseo de retirarse campeón. Así empezó a mandar al equipo adelante, él se encargaba de mantener el cero, y que los demás busquen la diferencia. Entonces todos se contagiaron, primero Candelo -al colombiano le salió todo- y luego Hurtado -predicando goles-. Fue con el primer gol de Hurtado que el buen Oscar recordó por completo la titularidad. El Viejo nunca fue tan Hemingway.
A estas alturas ya el partido estaba dominado por la U, mientras el árbitro Carrillo se desdibujaba con discutidas decisiones. Un tiro libre del aliancista Martínez puso nuevamente a prueba a Ibáñez pero ya estaba demasiado metido para fallar. A los 47 Carmona daba clase de potencia al cruzar casi todo el campo, para que Hurtado vuelva a celebrar con Dios. El Viejo festejó solo, como lo hacen los arqueros. Sentía que la batalla esta vez estaba de su lado.
Como se daba el partido, cualquier cosa podía pasar, y así como no cobró penales claros, Carrillo decretó uno a favor de Alianza que solo vio el juez de línea. Entonces por la cabeza de Ibáñez solo pasaba la idea de seguir disfrutando el momento. Quién sabe si el próximo partido será titular. Lo cierto es que los clásicos se viven así con intensidad. Y este partido tuvo de todo para Ibáñez, hasta gol en contra de Aparicio. Él sabe que esto es así, que son las pequeñas batallas las que se deben librar con dignidad. Como el Viejo de Hemingway que luchaba contra la fuerza del mar y de su presa, el Viejo también se batía en la lucha de salir airoso de estos partidos. Y quién sabe, retirarse campeón.
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viernes, 24 de octubre de 2008
Se siguen acercando al título
El utilero Pajita abrió los ojos más de la cuenta. Faltaba 4 minutos para entrar a la cancha y Donny le había pedido la número 20, en lugar de la 3. Y parece que el cambio de camiseta funcionó. Quizás por eso fue que Donny salió al campo más inspirado, y pudo anotar después de varias fechas. Quizás, lo que dejó sin reflejos a la defensa chiclayana fue que todos esperaban ver a ese 3 deslucido, que ya no era el mismo del Apertura. Y quizás la suerte del cambio de camiseta era endémica y Malingas se contagió, y anotó el primero y el último. Y quizás por eso celebró discretamente, sin siquiera abrir la boca. Como musitando sus goles. Quizás ese azar endémico salpicó también a Landauri, que también anotó. Quizás les traiga suerte pensaba Pajita.
Los cremas salieron con las ganas de no bajar los brazos y seguir corriendo así vayan ganando por diez de diferencia. Querían apagar el incendio. El incendio de los sponsores que amenazaban con irse por bajo rendimiento del equipo. El incendio del técnico que gesticulaba inconformidad ante la prensa y que en la interna exigía más entrega. El incendio de la hinchada que apoyaba incondicional, como siempre, pero en menor número. Quizás por eso ganaron.
Los cremas salieron con las ganas de no bajar los brazos y seguir corriendo así vayan ganando por diez de diferencia. Querían apagar el incendio. El incendio de los sponsores que amenazaban con irse por bajo rendimiento del equipo. El incendio del técnico que gesticulaba inconformidad ante la prensa y que en la interna exigía más entrega. El incendio de la hinchada que apoyaba incondicional, como siempre, pero en menor número. Quizás por eso ganaron.
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viernes, 22 de agosto de 2008
Inicio de una pasión
Uno de los mejores recuerdos de mi niñez, como debe ser el de muchos, es cuando iba a la cancha del Nacional con mi padre.
Era un ritual que empezaba desde que llegaba. Mi padre achorándose con el cuidador de carros, era la señal que nos convertiamos en hinchas y dejabamos de lado nuestra cotidianeidad, el corazon latía diferente desde ese momento. Caminaba por esas calles por las que no solía pasar, y viendo gente que no solía ver. Llegábamos a las rejas y seguía el control policial, empezábamos a correr, pasábamos esos pasillos interminables con olor a orines. Para el momento que subía las escaleras de Nacional, siempre de la mano de mi padre, un silbido en el pecho anunciaba la disnea producto del asma. La bulla y el ve
rde se asomaban progresivamente, bastante parecido a una sinfonía cuando empieza, que anuncia algo grande, que lo conoces pero que nunca deja de sorprenderte. Como una ola verde inmensa. Allí era cuando todo mal se desvanecía: el verde intenso de la grama, el ruido de las barras, las camisetas brillantes, esa intensidad es algo que ningún medio pudo ni podrá reproducir. Todo era mágico: la canchita, el gol, los chups, el contómetro, las olas, el estruendo, el sonido de los chuñazos, las lisuras permitidas, el contrario. Y era por una hora y media que nos volviamos parte de esta puesta en escena. Grandes recuerdos. Nos volvíamos cómplices, hasta que llegábamos a casa y volvía todo a la normalidad.
Hace unos meses volví al estadio con mi padre, no pudimos entrar juntos, él llegó antes, yo llegué después con mi hijo. No lo encontraba y tuve que llamar a su celular, pasando por los mismos pasillos, traté de darle la misma emoción a mi hijo y también subimos corriendo las escaleras, también se agitó un poco por el asma. El verde ya no es el mismo, tiene un reflejo blanco horrendo, el fútbol tampoco es el mismo y la mística menos. Me senté al lado de mi padre y a pesar de todo disfrutamos de esos 90 minutos como antes. Gritamos lisuras como antes, nos abrazamos cuando metimos el gol, el equipo ganó y terminando nos fuimos al chifa a comentar el partido. No fué lo mismo, pero igual lo disfrute muchísimo. Hace unos días, después de tres meses de ese partido mi hijo me dijo que no le gustaba el fútbol, que los partidos lo aburrían, pero que igual le gustaba estar ahí. Que no sabia qué era, pero algo le atraía de todo eso. Que suerte que lo entiendo.
Asi es un poco como empezó el gusto por este deporte-show. Y asi nace este blog, como una catársis por todo lo que se sufre y se goza en nuestro fútbol.
Era un ritual que empezaba desde que llegaba. Mi padre achorándose con el cuidador de carros, era la señal que nos convertiamos en hinchas y dejabamos de lado nuestra cotidianeidad, el corazon latía diferente desde ese momento. Caminaba por esas calles por las que no solía pasar, y viendo gente que no solía ver. Llegábamos a las rejas y seguía el control policial, empezábamos a correr, pasábamos esos pasillos interminables con olor a orines. Para el momento que subía las escaleras de Nacional, siempre de la mano de mi padre, un silbido en el pecho anunciaba la disnea producto del asma. La bulla y el ve
rde se asomaban progresivamente, bastante parecido a una sinfonía cuando empieza, que anuncia algo grande, que lo conoces pero que nunca deja de sorprenderte. Como una ola verde inmensa. Allí era cuando todo mal se desvanecía: el verde intenso de la grama, el ruido de las barras, las camisetas brillantes, esa intensidad es algo que ningún medio pudo ni podrá reproducir. Todo era mágico: la canchita, el gol, los chups, el contómetro, las olas, el estruendo, el sonido de los chuñazos, las lisuras permitidas, el contrario. Y era por una hora y media que nos volviamos parte de esta puesta en escena. Grandes recuerdos. Nos volvíamos cómplices, hasta que llegábamos a casa y volvía todo a la normalidad.Hace unos meses volví al estadio con mi padre, no pudimos entrar juntos, él llegó antes, yo llegué después con mi hijo. No lo encontraba y tuve que llamar a su celular, pasando por los mismos pasillos, traté de darle la misma emoción a mi hijo y también subimos corriendo las escaleras, también se agitó un poco por el asma. El verde ya no es el mismo, tiene un reflejo blanco horrendo, el fútbol tampoco es el mismo y la mística menos. Me senté al lado de mi padre y a pesar de todo disfrutamos de esos 90 minutos como antes. Gritamos lisuras como antes, nos abrazamos cuando metimos el gol, el equipo ganó y terminando nos fuimos al chifa a comentar el partido. No fué lo mismo, pero igual lo disfrute muchísimo. Hace unos días, después de tres meses de ese partido mi hijo me dijo que no le gustaba el fútbol, que los partidos lo aburrían, pero que igual le gustaba estar ahí. Que no sabia qué era, pero algo le atraía de todo eso. Que suerte que lo entiendo.
Asi es un poco como empezó el gusto por este deporte-show. Y asi nace este blog, como una catársis por todo lo que se sufre y se goza en nuestro fútbol.
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